LOS RIESGOS DE UN MACRISMO DESARTICULADO

LOS RIESGOS DE UN MACRISMO DESARTICULADO

Una interna feroz los divide.

Sobran muestras de la fidelidad que Córdoba tuvo con Mauricio Macri cada vez que se midió electoralmente. La provincia fue clave para su triunfo en el 2015 mientras que dos años después, en los comicios de medio término, le ratificó su incondicionalidad: en el 2017, la ola amarilla arrasó en distritos históricamente peronistas; ganó en 18 de los 26 departamentos y se impuso en nueve de las diez ciudades más grandes. Ese apoyo se tradujo en un triunfo legislativo que a Cambiemos le permitió alzarse con cinco de las nueve bancas que Córdoba renovaba en la Cámara Baja.

El año pasado, el distrito que gobierna el peronista Juan Schiaretti se despegó del comportamiento electoral de gran parte del país y volvió a aferrarse a la propuesta macrista, esta vez, rompiendo su propio techo de apoyo y respaldando la reelección con más del 61% de los votos a nivel provincial, llegando al 66% en la ciudad Capital. Y aunque no alcanzó, Córdoba dejó en claro -una vez más- que sigue siendo el motor del macrismo.

Sin embargo, la salida del líder del PRO del poder central desorientó a una dirigencia que, lejos de consolidarse frente a lo cosechado, se desordenó.

En Córdoba la derrota fue por partida doble: antes de las presidenciales, la coalición ya había sufrido un dramático revés electoral frente al gobernador Schiaretti. La mala praxis aplicada por Cambiemos terminó partiendo la oferta y le regaló al peronismo provincial una cómoda y holgada victoria.

Ya sin Macri como factor aglutinante y con un tendal de reproches cruzados que nadie sabe en qué terminarán, el macrismo cordobés (en claro reflejo a lo que ocurre a nivel nacional) quedó dividido en dos grandes sectores: quiénes aún creen en el ex presidente como líder de la coalición, y aquellos que consideran que es hora de dar vuelta la página, ampliar y renovar.

Por ahora, la única coincidencia es de diagnóstico. Desde ambas veredas, reconocen la incapacidad para zanjar las diferencias y avanzar en un espacio más homogéneo que capitalice el perfil anti kirchnerista de la provincia. Pero que además les permita preservar el capital electoral de la provincia más amarilla.

Un dato: aún fuera de escena Macri sigue estando en la consideración pública del cordobés medio mientras que Horacio Rodríguez Larreta, jefe de gobierno porteño, crece en territorio mediterráneo. Por el contrario, el perfil de moderado que buscó instalar el presidente Alberto Fernández no termina de cuajar y la grieta en la provincia está más viva que nunca.

Con un proceso de interna partidaria en marcha que, en principio, fija para noviembre la elección en el PRO Córdoba, todavía no asoma un punto de encuentro entre la línea local del monzoíso y la del eje Mauricio Macri-Patricia Bullrich.

En la primera liga, la de los moderados, juegan Nicolás Massot, el diputado Gabriel Frizza, el legislador Darío Capitani y el ex diputado Javier Pretto, entre otros.

Mientras que en la otra versión de los amarillos se ubican los diputados Héctor Baldassi y Soher EL Sukaría, la senadora Laura Rodríguez Machado e intendentes como Eduardo Romero de Villa Allende y Pedro Dellarrosa de Marcos Juárez.

Para superar al menos la etapa de la pandemia, desde el primer sector sugieren aplicar una especie de "statu quo" a nivel de conducción partidaria: es decir, que Capitani conserve la presidencia provincial, y El Sukaría el PRO Capital. Una iniciativa rechazada de plano por el campamento de los PRO puros desde donde consideran necesario abrir una etapa de renovación de las autoridades locales.

Como sea, si ese proceso interno no llega a buen puerto, el PRO no sólo no podrá ser guardián de ese 60 % de los votos, sino que además quedará en una posición de debilidad hacia adentro de la coalición. En ese sentido, entonces, difícilmente el macrismo estará en condiciones de imponerse en el armado para el ´21 y disputarle a un radicalismo dispuesto a recuperar su primacía, los mejores lugares en la boleta.