LUCES Y SOMBRAS DEL CARNAVAL

25.03.2015 08:24

La atención a la prensa este año tiene un mejor nivel que los anteriores. Fue más esmerada, especialmente en el bufet. Presentable con rigurosa prolijidad permitió a los enviados especiales y acreditados transcurrir su jornada de trabajo con comodidad.

El único detalle no satisfecho fue el servicio de internet. Las redes inalámbricas no funcionaron. Al respecto, en la carpa de prensa trascendió que desde la Universidad de la Punta no había cumplido con brindar el servicio responsablemente comprometido.

En algún momento de la primera noche  generó malestar la actitud acentuada en algunos cuestionamientos de escasa importancia que estuvo a punto de convertirse en un escandalete. Algunos cronistas o mujeres cronistas concurrieron con su hijo o hija, muy pocos casos, por no tener un lugar dónde dejarlos. Esto las obligó, como suele verse muchas veces en la labor diaria, de llevar a su niño al trabajo. Este alboroto se originó a partir de la alcahuetería de algún desubicado de pésimo humor.

Finalmente, luego de buscar y perseguir niños entre el palco de prensa como buscando terroristas y narcotraficantes entre las faldas de las periodistas, amenazando a las madres de sacarlos y haciendo sufrir un enorme martirio a esos niños presos de llanto, el tema se calmó.

Pocos minutos después se distribuyó por las redes sociales una fotografía que detectó en el sector de prensa a tres menores de edad con credenciales de periodistas colgadas en el pecho. Toda una contradicción.

Privilegios irritantes hacia los cabañeros

Uno de los incidentes más llamativos y molestos los protagonizó la policía apostada en las calles ubicadas del lado oeste, en el sector de las sierras.

En ciertos lugares muy cercanos al sambódromo no permitían el estacionamiento de los autos a la vera de las calles de tierra.

¿La razón? Los dueños de las cabañas del lugar, según la versión policial, no permitían que se estacionaran automóviles frente a sus complejos habitacionales.

Los policías, lejos de comprender los argumentos en cuanto a que las calles son públicas y que prohibir el estacionamiento es un acto ilícito, fastidiaban a la gente que pretendía estacionar sus vehículos y, de ese modo, facilitado el capricho ilegal de los cabañeros. Incomprensivo.

Todo empeoraba cuando llegaban las amenazas y el destrato policial.

En otros casos algunos automovilistas, para su pesar, encontraban los neumáticos de sus autos pichados sólo por haberlo estacionado enfrente a la cabaña.

Esta actitud policial, generó molestias y no menos sospechas entre turistas y asistentes al Carnaval de Río  que ingresaban por el sector de las sierras.